¿Es la Agricultura Ecológica Económicamente Viable?
Por: Carlos R. Ruiz Lebrón, Biólogo

Cosecha de huerto urbano en dorado
Cuando decidimos comprar productos orgánicos para nuestro consumo, encontramos que los costos de los mismos son muy altos. En ocasiones los costos duplican el costo de productos comerciales. Sin embargo, hay alternativas de producir parte de nuestros alimentos en un espacio designado de nuestra casa o apartamento.
Veamos lo que sucede cuando una familia decide sembrar algunos de los alimentos que consume en su propia casa o apartamento, ya sea en el patio (si tiene espacio disponible), en bancos de siembra o en tiestos o jardineras.
Una familia puede producir un mímimo de tres libras de hortalizas y culinarias por mes. Esto incluye, pero no se limita a: tomates, pimientos, ajíes, lechugas, repollos, cebollines, recao, cilantro, berenjena, zanahorias, nabos, lerenes, pepinillos, gingambó, oregano, perejil, menta, yerba buena, limoncillo, albahaca, gengibre, entre otros. Esto equivale a un mínimo de ahorro de $10.00 por mes. Además, puede producir en espacios menos limitados, un mínimo de tres libras de frutas por mes. Algunos ejemplos son: melón, papaya, carambola, guayaba, limón, china, toronja, mangó, jobo, fresas, piña, guanábana, entre otros. Esto puede representar un ahorro de aproximadamente $5.00 por mes. De igual manera puede producir un mínimo de tres libras por mes de viandas y granos, tales como: yautía, malanga, ñame, batata, calabaza, guineo, plátano, yuca, chayote, maíz, gandul, habichuelas, frijoles, entre otros. El ahorro puede ser un mínimo de unos $5.00 por mes. Todo el ahorro acumulado por mes es de unos $20.00.
Veamos lo que sucede cuando una familia decide sembrar algunos de los alimentos que consume en su propia casa o apartamento, ya sea en el patio (si tiene espacio disponible), en bancos de siembra o en tiestos o jardineras.
Una familia puede producir un mímimo de tres libras de hortalizas y culinarias por mes. Esto incluye, pero no se limita a: tomates, pimientos, ajíes, lechugas, repollos, cebollines, recao, cilantro, berenjena, zanahorias, nabos, lerenes, pepinillos, gingambó, oregano, perejil, menta, yerba buena, limoncillo, albahaca, gengibre, entre otros. Esto equivale a un mínimo de ahorro de $10.00 por mes. Además, puede producir en espacios menos limitados, un mínimo de tres libras de frutas por mes. Algunos ejemplos son: melón, papaya, carambola, guayaba, limón, china, toronja, mangó, jobo, fresas, piña, guanábana, entre otros. Esto puede representar un ahorro de aproximadamente $5.00 por mes. De igual manera puede producir un mínimo de tres libras por mes de viandas y granos, tales como: yautía, malanga, ñame, batata, calabaza, guineo, plátano, yuca, chayote, maíz, gandul, habichuelas, frijoles, entre otros. El ahorro puede ser un mínimo de unos $5.00 por mes. Todo el ahorro acumulado por mes es de unos $20.00.

Huerto urbano de Estefani Bahr en Cupey
Si esta práctica la realizan mil familias, el ahorro mensual puede ascender a unos $20,000.00 y unos $240,000.00 al año. Esto es solo el costo económico práctico que trae el producir parte de nuestro alimento.
Ahora veamos lo que ocurre para los que lo practican. En primer lugar, se reducen los viajes al colmado para obtener estos productos; menos uso de combustible y reducción de CO2 al ambiente. Segundo, reducimos la importación de alimentos que requieren uso de combustible para transportarlos, refrigerarlos y almacenarlos, uso de plaguicidas, abonos y preservativos y al final llegar al colmado. Esto representa otro ahorro indirecto de dinero, energía y reducción de emisiones de CO2 al ambiente. Este ahorro en dinero puede ser igual o mayor al ahorro mensual por familia.
No podemos olvidar que la práctica de la siembra tiene un beneficio de salud física en las personas (ejercicio, movimiento, circulación sanguínea, baja el estrés, etc.), mejora los lazos familiares y comunitarios (compartir actividades, experiencias, conocimiento) y contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas. Se consumen alimentos más saludables, con mayor y major cantidad de nutrients, más frescos y libres de plaguicidas y preservativos. Esto se traduce a menos visitas a médicos, menos medicamentos para condiciones causadas por la mala alimentación y el sedentarismo, ofrece major salud mental, entre otros beneficios. Aquí añadimos otros ahorros indirectos que pueden multiplicar los ahorros anteriores.
Ahora veamos lo que ocurre para los que lo practican. En primer lugar, se reducen los viajes al colmado para obtener estos productos; menos uso de combustible y reducción de CO2 al ambiente. Segundo, reducimos la importación de alimentos que requieren uso de combustible para transportarlos, refrigerarlos y almacenarlos, uso de plaguicidas, abonos y preservativos y al final llegar al colmado. Esto representa otro ahorro indirecto de dinero, energía y reducción de emisiones de CO2 al ambiente. Este ahorro en dinero puede ser igual o mayor al ahorro mensual por familia.
No podemos olvidar que la práctica de la siembra tiene un beneficio de salud física en las personas (ejercicio, movimiento, circulación sanguínea, baja el estrés, etc.), mejora los lazos familiares y comunitarios (compartir actividades, experiencias, conocimiento) y contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas. Se consumen alimentos más saludables, con mayor y major cantidad de nutrients, más frescos y libres de plaguicidas y preservativos. Esto se traduce a menos visitas a médicos, menos medicamentos para condiciones causadas por la mala alimentación y el sedentarismo, ofrece major salud mental, entre otros beneficios. Aquí añadimos otros ahorros indirectos que pueden multiplicar los ahorros anteriores.

Cosecha de rabanos, zanahorias de un huerto urbano
Esto se traduce en que la producción de tres libras de cada uno de estos productos agrícolas por mes, pueden convertirse de $20.00 a más de $200.00 por cada familia. Tomando como referencia el que se aplique esta práctica a mil familias, los ahorros al año pueden estar cercanos a los $2.5 millones. Aunque suene exagerado, es una realidad que muy pocas personas ven y que convierten la siembra ecológica y familiar en una económicamente viable.